martes, 17 de noviembre de 2009

Gracioso.-

Es realmente inverosímil la capacidad que tenemos de, rápidamente, acabar con todo dejo de coherencia, arrasar de una manera efectiva e increíblemente práctica hasta el último ápice de pensamiento lógico del cual tanto nos jactamos los homo sapiens sapiens (sí, nombrado dos veces porque una sola no parece suficiente).

Es hasta hilarante ver cómo un roce, un error en ese proceso que nos lleva (que nos digiere), nos convierte en seres capaces de la destrucción absoluta, de ese aniquilar todo lo que alcanza la vista, sólo por un comentario equivocado, por algo que no supimos decir bien, por una palabra mal pronunciada, o peor, mal concebida.

Realmente me río, y con ganas, de cuán superiormente capaces somos de crear la guerra por un malentendido. Pensando en un ejemplo, es como apretar el botón rojo de la central nuclear cuando queremos prender el aire acondicionado, o prender un cigarro -por el simple placer de fumar- a centímetros de un escape de gas (que habíamos visto pero pensábamos que era una corriente inofensiva).

Aún así, lo que encuentro más gracioso todavía, es la complejidad que sobrelleva encontrar una solución a esa destrucción, cual carpintero ciego que quiere reconstruir Chernobyl con un martillo de madera. Por supuesto que todos carcajeamos ante esa imagen (aunque no lo queramos aceptar), pero cuando somos el jodido ciego lo único que podemos hacer es subirnos los calzones, apretar el cinturón y hacernos cargo de lo que nos dejaron, de esa mesa llena de platos y servilletas arrugadas y ese living manchado de vino y con marcas de copas en todos los vidrios.

Visto ésto, aunque vomitemos de la risa con el ciego (que pronto tendrá cancer, joder, está en Chernobyl) hay que saber que cuando el ciego muera va a estar feliz, pues es la única persona que pudo reconstruir una ciudad con un martillo de madera.

1 comentario:

  1. Pero vos no sos ciego, ni estás en chernobyl.
    Reconstruí lo que quieras con un martillo de madera.

    ResponderEliminar