Se conocieron en una peluquería. Claro, es un lugar al que todos concurren de tanto en tanto, bah, toda la gente que ellos conocian, aunque sea. Él saludó al peluquero y se apoyó en esas incómodas sillas de la sala de espera. La vio en una esquinita, ella era clarita, con buenas curvas y parecía emitir luz, él, por otro lado, era negro y redondo, con bastante cuerpo, si quieren verlo asi. Se miraron poco, pero rapidamente un ambiente tensísimo se dibujó entre ellos. Cuando finalmente él se decidió a decir algo, lo invitaron a sentarse en esos extrañísimos sillones de las barberias de antaño, llenas de manijas y tornillos y botones y más manijas. Como le habian enseñado de pequeño, la invitó a pasar primero a ella, quien, en mi opinion, pues no creo que fuera tan maleducada de no contestarle, pareció no oirlo.
-Listo- pensó -no puedo soportar esto, no puedo ser tan boludo como para dejar pasar esta oportunidad-. Se volvió y la miró fijo, casi de una forma graciosa, se diría. - ¿Como te llamas? Me encantás -.
Ella sonrió. -Fah, que linda que es- pensó nuestro enamorado. -Me dicen Pelu, por Guadalupe, jaja- Susurró, apelando a toda su hermosura. Su figura realmente era brillante, y sedosa, pensó el Rulo (como sus amigos lo llamaban).
-Sé que es medio apresurado, pero ¿te gustaría que nos veamos el sábado?-, la rubia dejó de sonreir, sólo para agregar nerviosismo al ya rojísimo rulo, y respodió jovialmente un SÍ que llenó la peluquería. El peluquero, asustado, perdió el control de sus tijeras y cortó al pobre rulo de lado a lado.
-Dejá, no te hagas problema, mejor rapame- Contestó la cabeza que sostenía a rulo. -Total ahora viene el verano y prefiero tenerlo bien cortito-. El peluquero respiró, aliviado, rasuró los restos de nuestro pobre rulo, barrió y cerró el local.
Pelu y Rulo, al fin y al cabo, yacieron juntos en el basurero de la peluquería.
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