Es deleitante el pensar en ella, pues cuando aparece (por el rabillo del ojo) acapara todo, ilumina habitaciones e invita a la paz. De donde ha nacido, diríase que su entorno natural fue compuesto de sábanas y pluma, de suaves acercamientos y violentos escenarios de plácido cariño. Usualmente acarrea esa euforia desintoxicada que la lleva, poco a poco, a asumir un poco de su originalidad, envuelta siempre en pensamientos de otros.
Acerca de su cuerpecillo, limpias líneas definen su forma, aunque ésta pudiera resumirse en simple para los pedestres organismos que pasan por su lado. Sabe llevar las vestiduras mas simples como si de galante seda se tratara, mientras toda joya no hace más que hilvanarse en su luz, otorgándole su destello. Sí, inclusive parece que su piel se encarga de desnudar a toda perla de su tenue iluminación interna.
Piel de ladrona, pero manos gentiles que parecieran esconder la habilidad del viejo carpintero, y el suave beso del niño. Piel de ladrona, mente sabia de sabio vagabundo, de sabios caminos y viejos senderos del bosque, con ese aroma particular a pino.
Su voz puede ser de opio o cocaína, el aguardado ensueño del caminante o el frenético despertar del que largo tiempo espera postrado. Es la picadura de mosquito en la piel entumecida y el descanso final del malherido.
Camina, y conoce, poco a poco aprende y cambia, siempre cambia. No nos conoce, eso sería prueba de su falta de corrupción, pero si lo hace, no creo que se aburra.
No, el aburrimiento la mataría.-
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