jueves, 2 de diciembre de 2010

Play.-

Cuando deja de importarte es cuando se torna realmente divertido, querida. Es más, el hecho de jugar un juego al que despojaste de toda regla es lo que te entretiene por defecto. Asimismo, en tanto vas alterando las reglas del mismo, corrompiendo todo aquello que lo diferencia de un sórdido azar de piezas, es cómo vas descubriendo qué es lo más divertido de destrozarlo palmo a palmo.

Ojo, no significa que seguir las reglas sea aburrido. Mientras, por supuesto, se sigan a rajatabla, sin un ápice de piedad, eliminando a quien se pasó por el último grano del reloj de arena tal cual hubiera cometido una falta gravísima. Sí, mientras más estrictas, mejor es la caída, mas vertiginoso se vuelve el juego, mas alta vuela la sangre y mas lejos se proyecta la sombra del martillo.

No, en ningún sentido estoy balbuceando en contra de las garantías de piedad (aún por escrúpulo) en los juegos entre amigos. El problema es, mi estimada, que no son juegos los que no involucran una desposesión de la dignidad, sino triviales rituales por el matar el tiempo. No, juegos son aquellos placeres en virtud de los cuales los segundos se aprovechan en su totalidad. Qué mejor momento que el invertido en el gusto, el tacto, la vista, el olfato y el divino interactuar de los sentidos, con un impagable rocío de adrenalina. Qué peor pasar que el tiempo perdido en el seguir el rito.

Mejor que ganar, es el perder el respeto al juego mismo. Cuando deja de importarte, es cuando mejor la pasas.-

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